Blog dedicado al intercambio de ideas entre estudiantes de ciencias de la comunicación.
27 mayo, 2011
18 abril, 2011
14 enero, 2011
REPORTAJE: LA BATALLA CULTURAL EN INTERNET 5 - EL TESORO PIRATA DE LA RED

El tesoro 'pirata' de la Red
La audiencia de las webs de enlaces se dispara - La industria cifra en más de 150 millones de euros anuales lo que llegan a ingresar estas páginas
ANTONIO FRAGUAS - Madrid - 14/01/2011
Imagine que un estreno de cine de hoy se titulase Instinto letal. Una copia se filtra en algún eslabón de la cadena de producción, o alguien graba la película en un preestreno. Subtitulada por supuestos voluntarios, llegará en horas a las manos del seeder (sembrador, en inglés). Desde su ordenador, este subirá una copia de Instinto letal a un almacén remoto (en Hong Kong o en Suiza) como Megaupload, Fileserve o Rapidshare. En minutos, un link que apunta a la película aparecerá en alguna de las páginas españolas de enlaces a contenidos protegidos. Ya está, el estreno de Instinto letal ha sido saboteado, cualquiera puede verla en Internet.
"Los seeders procuran que no haya una relación directa entre ellos y las webs piratas, pero sabemos positivamente que hay una relación comercial", afirma Andrés Dionis, director general de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, el grupo de presión que aglutina a la industria cultural.
Existen dos tipos de webs en este universo del todo (casi) gratis: las que alojan el contenido y las que lo señalizan. Ambas son legales en España. Las segundas son exculpadas por sentencias que se apoyan en una circular de la Fiscalía General del Estado de 2006. El argumento: no se puede demostrar el lucro.
Los usuarios no pagan a las webs de enlaces, pero en algunas se verán obligados a regalar algo que vale dinero: sus datos personales. Serán vendidos a empresas de márketing directo que los utilizarán para campañas publicitarias por e-mail. Por cada correo que envíe una de estas compañías, el dueño de la página de enlaces recibirá 0,024 euros, según las tarifas de la empresa líder del sector, Canalmail. Además, algún usuario pinchará en la publicidad (a menudo de ofertas de ADSL) que abunda en estas páginas. Dos vías de ingresos, pues: publicidad y bases de datos, ¿quién necesita cobrar por los contenidos?
Para entender el peso de las webs de enlaces en España hay que recurrir a sus datos de audiencia. Dos de las más populares, peliculasyonkis.com y seriesyonkis.com (ambas gestionadas por Burn Media S.L, una empresa de Madrid), suman 3,6 millones usuarios mensuales. Estos dos portales han crecido en un año el 57% y el 44% (según los últimos datos de NetView de Nielsen Online), informa Adrián Segovia.
¿Cuánto ganan esas páginas? Solo responde la industria: "Las webs que seguimos hace años ingresan entre 150 y 170 millones de euros anuales. Son 300 páginas, un 60% están en España, el 40%, fuera", indica Dionis. En Argentina, está taringa.net: 4,6 millones de usuarios únicos mensuales desde España. Sirva de comparación que El Corte Inglés en Internet registra medio millón menos de usuarios.
En cuanto a seriesyonkis.com, un experto independiente consultado por EL PAÍS en 2010 cifró en 32.500 euros los ingresos mensuales solo por publicidad. Imposible contrastar estos datos. David M., cofundador de seriesyonkis.com, es lacónico al teléfono: "Nuestros abogados nos aconsejan que no hablemos con los medios".
En tiempos, una de las webs más populares fue elrincondejesus.com, creada por Jesús Guerra. Este asegura que no ganó dinero con ella. Su página fue investigada por la Embajada de EE UU en Madrid, según los cables filtrados por Wikileaks. Fue denunciado por la SGAE y en marzo un juez le exculpó (no se pudo probar el lucro). "Había enlaces a todo: descargas, películas... pero nunca publicidad, ni alojé archivos. Me cansé y lo quité todo", señala por vía telefónica con cierta amargura: "La cosa ha cambiado, ya no es lo que tenía que ser. Antes éramos aficionados, ahora son páginas de profesionales".
Enrique Dubois es "emprendedor pionero en Internet" y fundador de vagos.es, otra web investigada por EE UU: "Teníamos áreas en las que se hablaba de música e incluían enlaces. Eran muy populares, con más de 300.000 visitas al mes", indica por e-mail. Ofreció a la industria compartir un servicio para vender música: "No quisieron hablar de ninguna fórmula nueva, que hubiera sido un gran negocio para ellos y una solución. Nos amenazaron y obligaron a quitar el acceso a todo lo relacionado con música. Y lo hicimos".
La Coalición (basándose en encuestas) cree que, si no existieran las descargas no autorizadas, los internautas pagarían por el 60% de los contenidos culturales de la Red: "Desembolsarían hasta 6.000 millones de euros al año", indican.
Existe una demanda no satisfecha en el mercado. Dubois, de vagos.es, lo explica: "La industria lucha por mantener un negocio obsoleto, arremetiendo de cualquier manera, manipulando y atropellando libertades, en lugar de adaptarse". Desde la Coalición lo niegan y enumeran los proyectos que existen o que están arrancando y añaden: "No se puede pedir a ningún empresario que compita contra una copia gratis e ilícita de sí mismo".
¿Qué ocurre con esas otras webs que alojan fuera de España los contenidos protegidos? Para evitar pleitos, dan la posibilidad a los dueños de los derechos de denunciar cada enlace, pero no efectúan control previo. Viven de las cuotas de los usuarios premium (que pagarán por descargas más veloces), a los que a su vez recompensarán si registran mucho tráfico los enlaces que los propios usuarios, en calidad de seeders, generen.
Un abono de tres meses a Megaupload cuesta 20 euros. En ese tiempo, con una conexión de seis megas (como la que ofrecen muchas operadoras), se pueden descargar más de 2.000 gigas de información, es decir, el equivalente a 2.500 películas (dependiendo de la calidad del archivo). No se sabe cuántos abonados tienen en España: la opacidad de sus cifras es absoluta. Su audiencia arroja alguna pista: según los últimos datos de NetView, 3,3 millones de usuarios entran al mes desde España solo en Megavideo.com (el servicio de streaming de Megaupload). De ellos, dos millones (cerca del 75%) lo hacen a través de peliculasyonkis.com y seriesyonkis.com. España (de acuerdo con datos de Google Trends) es el tercer país del mundo (por detrás de Vietnam y Singapur) que más visitas envía a Megaupload.
REPORTAJE: LA BATALLA CULTURAL EN INTERNET 4 - EL LIBRO ELECTRÓNICO

A un paso del duelo final
La industria editorial tiene la oportunidad de no repetir los errores de las discográficas haciendo atractiva la compra electrónica y abaratando precios
TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 13/01/2011
¿Se desmoronará la industria editorial como antes la musical? Solo el tiempo lo dirá. De momento contemos algunas experiencias.
- El olfato Bubok. Hace dos años, Ángel María Herrera fundó en Internet Bubok, un espacio donde usted o Umberto Eco, si quiere, pueden publicar gratis sus libros y venderlos luego al precio que usted, o Umberto Eco, deseen. El 80% será para usted, el resto para Bubok. En estos dos años han publicado la friolera de 35.000 títulos, entre ellos los de algunos autores como José Ángel Mañas, Alberto Vázquez-Figueroa o Rosa Regàs. Herrera, sagaz emprendedor, ha dado con una tecla que suena bien en el mundo digital y que recuerda poco al modelo tradicional de negocio de una editorial. "La industria del libro está teniendo los mismos miedos que la musical y no están reaccionando bien con los precios o el DRM (el sistema anticopias)", opina. "Quieren mantener en versión digital el mismo beneficio que en el papel y no puede ser, es un mundo nuevo". ¿Y el DRM? "Es poner puertas al campo. Dificulta la experiencia al que quiere pagar, el que quiera piratear va a dedicar el tiempo que necesite a crackear [romper la protección]".
- El pesimismo de Salamandra. La editorial acaba de celebrar una década de aciertos, que incluyeron el descubrimiento de Harry Potter o de Sándor Márai. No saben si cumplirán otros cinco. De momento piensan en 2011, confiesa el editor Pedro del Carril, profundamente cauto e inevitablemente pesimista: "Si un día hay un mercado que ha reemplazado el papel, nosotros tenemos poco qué decir ahí". Pero Del Carril cree que todavía no hay un mercado y, sobre todo, piensa que la novela "no casa bien" con el libro electrónico. Muchos autores se oponen a las versiones electrónicas, como J. K. Rowling. Algo que no impidió que alguna entrega de Harry Potter se tradujera al español en la Red antes de que el libro llegase a las tiendas. "Lograron el documento no sé cómo, se repartieron las páginas y comenzaron a traducir... No sé puede hacer nada contra eso", se resigna el editor.
- Libros enriquecidos. Agustín Fernández Mallo publicará su próximo libro, El hacedor (de Borges). Remake, en doble formato. Pero no serán iguales. En el electrónico hay añadidos como links y vídeos caseros realizados por el propio escritor que se insertarán en la pantalla. "Con los extras das otras lecturas a los cuentos y a los poemas, se podría decir que son dos libros distintos", explica. Un camino que arranca con El hacedor... y que continuará en el futuro: "Poder meter música o mis vídeos me parece súper creativo y estimulante, es como una sinfonía". ¿Le preocupa que le pirateen? "No puedo luchar contra eso. El problema es de los creadores, no de la gente. El mundo ha ido por un lado y nosotros tenemos que cambiar el modelo. Podemos patalear, pero es lo que hay".
- Quién gana y quién pierde. Copirrait es una plataforma de artistas y creadores que defienden el copyright, a la que pertenecen, entre otros, Lorenzo Silva, Almudena Grandes, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Juan Bonilla, Ángeles Caso, Ángeles de Irisarri, Luisa Castro, José María Guelbenzu, Luisgé Martín, Gustavo Martín Garzo, Ignacio Martínez de Pisón, Rosa Montero, Juan José Millás, Fernando Savater o Enrique Vila-Matas. Dicen: "Los partidarios de la cultura gratis no suelen decir nunca que para acceder a esas obras y poder disfrutarlas hay que poseer un arsenal tecnológico y pagar previamente unos servicios que no son ni gratis ni baratos (...) La gran democratización de la cultura excluye a quienes no tengan un ordenador ni una conexión ADSL (...) Los beneficios los reciben las empresas de telecomunicaciones, que usan los productos culturales y sus descargas como palancas para vender más".
- Año cero, libros a 2,49. Matilde Sanz es la directora de desarrollo digital de Santillana (Grupo PRISA, editor de EL PAÍS). Asegura que 2010 fue el "año cero". Se creó Libranda, la plataforma digital de venta de libros a la que pertenecen 22 librerías y los principales sellos. En Santillana comenzaron a digitalizar el catálogo (lo han hecho con el 50% de títulos vivos) y el proceso para convencer a autores y agentes de que el mundo digital está ahí para quedarse. Procuran lanzar las novedades en los dos formatos, aunque deben contar con el visto bueno del autor. La novedad más cara se puede comprar a 12,99 euros (en papel oscila entre 30 y 35). Sanz asegura que el 70% de los títulos se venden a 5,99 y algunos, a 2,49. "Cada editorial tiene su política de precios, pero tampoco podemos salir a perder dinero". ¿Qué hay de los sistemas anticopia (DRM) que dificultan o entorpecen la descarga al lector que ha pagado? "Es el ACS4 de Adobe, el estándar internacional. Estamos interesados en que la experiencia del usuario sea lo más cómoda posible, pero depende de los proveedores de tecnología. Cualquier contenido que se compra en Apple o Amazon tiene DRM".
REPORTAJE: LA BATALLA CULTURAL EN INTERNET 3. LAS 'MAJORS'

Otras estrategias para combatir el efecto "devastador" de los piratas
Las multinacionales admiten la dificultad de crear nuevos modelos de negocio
JORDI MINGUELL - Madrid - 12/01/2011
Dantesco, devastador, horrible... y no se trata del tráiler de una película de catástrofes proveniente de Hollywood. Es, en las propias palabras de las multinacionales del cine, la situación que sufren en España estas empresas especializadas en el entretenimiento internacional a causa de las descargas no autorizadas de contenidos digitales.
Filmax entró en concurso de acreedores el pasado mes de julio. Universal Pictures cerró en diciembre su división española de Home Video. El año pasado, según el Ministerio de Cultura, solo cuatro películas españolas superaron el medio millón de espectadores... Una situación de crisis estructural producida directamente por las descargas no autorizadas y el laxismo legal que, después del shock, ha dado paso a la reacción. Digitalización, multiplataforma y coalición son los tres vértices de esta película de catástrofes que pide a gritos, en su reparto multinacional, un nuevo marco legal para su sostenibilidad.
"La influencia de las descargas ilegales es devastadora", denuncia Andrés Dionis, director general de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos. Es un lobby contratado por la Motion Pictures Association que representa en España a los intereses de las grandes corporaciones del entretenimiento. "La tasa de piratería sería de 77% del total de los contenidos audiovisuales que se consumen en España", añade Dionis.
La Fundación Antipiratería, en boca de su director José Manuel Tourné, va más lejos y asegura que el valor total de las pérdidas en el sector ascendió a 4.250 millones de euros en el plazo de un año (del 1 de julio de 2009 al 30 de junio de 2010).
El pasado viernes llegó desde el International Consumer Technology Show de Las Vegas la última pista de lo que puede ser el futuro de la distribución de contenidos online en su versión corporativa. Se llama Ultraviolet y es la respuesta de Fox, Paramount, Sony, Universal y Warner a las descargas no autorizadas. Agrupadas bajo el consorcio Digital Entertainment Content Ecosystem, estas empresas proponen un modelo parecido al de Netflix pero con una novedad. Si la plataforma líder en el mercado norteamericano en el sector del streaming ofrece la posibilidad de pagar por ver una película en cualquier soporte digital sin descargársela en el ordenador, el usuario de Ultraviolet pagaría una licencia que le permitiría ver ese contenido tan solo en los dispositivos digitales dados de alta en el sistema. Por ejemplo, si un espectador decide comprar la película La red social, de David Fincher, este cliente la podría ver cuantas veces quisiera en los dispositivos que haya elegido (su tableta, su ordenador, su televisión digital...) y a través del sistema informático puesto a disposición de la compañía. Un sistema que entraría en directa competencia con el popular iTunes de Apple y con la plataforma de contenidos digitales on demand que prepara Disney.
A esta novedad habría que añadir la doble tendencia desarrollada en los últimos años por las majors en la que se potencia tanto los contenidos exclusivos como la oferta multiplataforma. En el primer vértice, el de los contenidos, compañías como Warner Bros apuestan por "luchar contra la descarga tanto a nivel de oferta de producto físico y digital como a nivel de organización". Así lo afirma el director general de su división en España, Juan Angulo, que como muchas otras empresas del sector se hace un hueco en el mercado "con propuestas únicas con las que la piratería no puede competir [ediciones especiales, valores añadidos físicos y digitales, títulos de catálogo para cinéfilos...].
A esa estrategia se le añade la de la multiplataforma, de la que Sony sería un ejemplo. La empresa produce películas y las distribuye en salas pero también cuenta con una plataforma propia de exhibición: la PlayStation 3, un aparato doméstico que además de permitir jugar con videojuegos y ver películas en soporte Blu-Ray permite al usuario visionar películas en streaming en asociación con portales como NetFlix o Mubi.
Aunque, como recuerda José Manuel Tourné, el streaming, las consolas multitareas, las coaliciones entre empresas, en suma, inventar un nuevo modelo de negocio, "no se inventa de la noche a la mañana. Aún más cuando al lado de esos modelos hay una oferta totalmente gratis". Y sin ley.
REPORTAJE: LA BATALLA CULTURAL EN INTERNET 2. LA INDUSTRIA MUSICAL

Un grito de alarma contra el tráfico ilícito de canciones
El sector pide medidas antipiratería ante la caída en picado del negocio musical
MANUEL CUÉLLAR - Madrid - 11/01/2011
"La piratería sigue afectando a la industria a pesar de medidas como el cierre ordenado por los tribunales del servicio P2P de LimeWire, realizado en noviembre", asegura la publicación, que cita la proliferación de sitios de torrents y de descarga ilegal como un mal que ya se está convirtiendo casi en endémico para este sector de la cultura.
El problema es planetario, pero se agrava teniendo en cuenta las legislaciones de cada país. España, además, cuenta con un caso paradigmático y es que los usuarios se aferran a decisiones judiciales que han santificado las redes par a par (P2P) que permiten intercambiar archivos si no se demuestra un ánimo de lucro entre los internautas.
Simone Bosé, presidente de la discográfica EMI, incide en la necesidad de aprobar unas reglas del juego: "Hay tres pilares sobre los que debería basarse una legislación que regule la relación entre la industria y los usuarios: primero el respeto por la propiedad intelectual y la propiedad privada a la que todo ciudadano tiene derecho. Segundo, que los usuarios comprendan que hay determinados comportamientos en la web que no son admisibles. Y por último, una regulación respecto a las compañías proveedoras de servicios de Internet cuyas cuentas de resultados crecen cada año, pero que ofrecen cada vez servicios más caros y que permiten que la situación de barra libre se haya instalado y pueda usarse a sus anchas por los internautas".
Pero ¿qué ha hecho el sector mientras tanto para intentar capear el temporal? Bosé responde: "Hemos intentando ofrecer mejores y nuevos productos. EMI está presente desde hace más de 10 años en todas las plataformas de distribución legal de contenidos a las que apoyamos y con las que colaboramos de una forma muy favorable. Estamos presentes en más de 250 plataformas digitales y avanzando, como con la inclusión del catálogo de The Beatles en iTunes, por ejemplo. Creo que estamos donde debemos estar. Además, en breve, nos haremos también visibles en plataformas de televisión y vídeo por la Red, pero siempre en aquellos lugares en los que se remunere la propiedad intelectual".
Los servicios de streaming, como Spotify, se han erigido como "una de las soluciones" al problema, "aunque no son el remedio", en palabras de Lutz Emmerich, el responsable de la empresa en España: "Ofrecemos una forma sencilla de acceder a contenidos musicales que no es ilegal, que genera beneficios para los artistas y las discográficas a través de suscripciones y publicidad y, sobre todo, hemos logrado que muchos de nuestros clientes olviden algo tan poco seguro y tan complicado como la descarga ilegal". Además, han invertido y llegado a acuerdos con empresas como Sonos o Logitech Squeezebox, que "aún facilitan mucho más el acceso legal a un fondo de más de 10 millones de canciones on line y que se nutre con 10.000 canciones al día".
Florian Von Hoyer, director de la distribuidora Altafonte, especializada fundamentalmente en grupos independientes, cree firmemente en las bondades de sistemas de streaming "del tipo Spotify o los españoles Yes.fm". Para Von Hoyer "estos servicios han ganado en velocidad al P2P". Para él el asunto no admite discusión: "Hay internautas que podríamos llamar los internautas malos, que argumentan el uso de la barra libre en que no pueden acceder a contenidos determinados de forma legal, pero dejémonos de tonterías. Yo soy consumidor y el mundo legal y gratuito está ahí y cada vez mejor y, aunque menos, genera beneficios".
Fuente: El PaísREPORTAJE: LA BATALLA CULTURAL EN INTERNET 1 - EL CINE

Taquilla en el salvaje oeste
Algunos portales pugnan por consolidar un nuevo modelo de negocio ofreciendo películas en la Red a bajo precio y sin necesidad de descargas
En la película protagonizada por Los Creadores -a un lado del ordenador- y Los Internautas -al otro-, ambos actores confluyen, en palabras de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde , en el "salvaje oeste". Pero en ese mundo sin ley existen, también, actores secundarios que cumplen con las leyes del copyright, proponen nuevas formas de negocio y hacen de Internet un espacio donde es posible el encuentro de productores y usuarios.
Son las empresas de contenidos digitales en streaming (un sistema que permite visualizar contenidos multimedia a través de Internet sin necesidad de descargarlos en el disco duro). A pesar del pirateo, del laxismo legal y de los derechos televisivos estos empresarios confían en que, al igual que en Estados Unidos, la Red sea el medio para desarrollar una industria audiovisual digital, sostenible y alternativa. En suma, una industria nueva.
"Tener un marco legal firme contra las descargas es esencial para desarrollar nuestra actividad", afirma Rafael Sánchez, director de negocio de Filmotech.com . "Me entristece que no nos apoyen más", comenta Jaume Ripoll, director de proyecto de Filmin.com. Ambos representan a dos portales de cine en streaming que, si bien no son conocidos masivamente, sí que se han hecho un nicho comercial dentro de su público potencial: los cinéfilos. Dos videoclubs online en los que se puede ver una película sin necesidad de descargarla al ordenador gracias a un reproductor de vídeo y, dependiendo de los servicios de la empresa, con valores añadidos que van desde ver la película en un teléfono de última generación o en la televisión del salón hasta personalizar las búsquedas según los gustos del usuario pasando por información detallada y multimedia de la película.
El usuario, a cambio, desembolsa vía tarjeta de crédito dos euros por película o, en el caso de Filmin.com , también puede optar por una mensualidad que la da derecho a barra libre. El productor de la película, por su parte, se lleva un porcentaje de ese precio. Un nuevo paradigma de probada rentabilidad en el mercado estadounidense con compañías como Netflix (la evolución digital del modelo Blockbuster), Hulu (ABC, CBS y FOX cuelgan ahí sus series) o Mubi (el vídeoclub gafapasta por antonomasia) pero que en el "salvaje oeste" español se ve limitado, según sus responsables, tanto en el desarrollo técnico como en el comercial por la piratería.
Filmin.com registró durante el mes de diciembre 1.100 inscritos en su tarifa plana y el visionado de 3.500 películas. Su catálogo está compuesto de 800 películas de cine independiente y de autor, entre ellos títulos de Mike Leigh, los hermanos Coen, Eric Rohmer o Manoel de Oliveira. No es un portal de estrenos ni de taquillazos. Ofrece, al contrario, algunas recientes sorpresas europeas como La clase (Laurent Cantat, 2008) o la rumana 4 meses, 3 semanas, 2 días (Cristian Mungiu, 2007). Filmotech contabilizó ese mes 4.175 visionados de un catálogo que asciende a 2.006 obras (cortometrajes incluidos) de cine, sobre todo español. Cifras minúsculas comparadas con el portal francés Universciné, de contenido similar a Filmin.com, que registró seis u ocho veces más volumen de negocio ese mismo mes.
La piratería no es el único problema del sector. Uno de ellos son los acuerdos comerciales entre productoras y cadenas de televisión que retrasan la llegada de los estrenos a la plataforma online de hasta casi un año, en casos como La cinta blanca de Michael Haneke o El secreto de sus ojos de Juan José Campanella. A ello se suma el escollo tecnológico.
La empresa española MicroGenesis Media ha desarrollado para la marca Samsung un portal de películas de estreno en streaming para sus televisores y diferentes plataformas como el iPad o el iPhone. "Carecemos de empresas innovadoras de primera línea", comenta su representante, Jerónimo Macanas. "Si las empresas de este país innovaran, nos iría mucho mejor", aclara. Y es que mientras la empresa coreana estudia si implantar ese sistema español de streaming a escala mundial, el "salvaje oeste" español sigue sin ley.
12 mayo, 2010
Webcast UNAM: Propiedad Intelectual en la Academia 2do Foro
Pedro Salazar (Instituto de Investigaciones Jurídicas. UNAM. México)
Kiyoshi Tsuru Alberú (Business Foftware Alliance. México)
Guadalupe Lazcano Xoxotla (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. México)
Ignacio Ania Briseño (Dirección General de Servicios de Cómputo Académico, UNAM. México)
Duración: 20 minutos
http://podcast.unam.mx/wp-content/uploads/podcastunam2010-04-21-11111.m4v
II. Mesa I: La Propiedad Intelectual como Motor de la Innovación.
Gloria Isla del Campo (AMPPI, México)
Moises Coss Rancel (Divisional de Servicios de Información Tecnológica, IMPI. México)
Héctor Chagoya Cortés (ADIAT. México)
Alfredo Rangel (Noriega y Escobedo Abogados. México)
Duración: 1:38 hrs
http://podcast.unam.mx/wp-content/uploads/podcastunam2010-04-21-44444.m4v
III. Mesa II: Propiedad Intelectual en la Industria Digital.
Guillermo Rodríguez Abitia (DGSCA-UNAM. México)
Marco A.Morales Montes (Instituto Nacional de Derechos de Autor. México)
Ándres Rengifo (Direccion Jurídica de la Propiedad Intelectual-Microsoft. México)
Carlos Agusto Ramos Larios (AutoDesk)
http://podcast.unam.mx/wp-content/uploads/podcastunam2010-04-21-33333.m4v
IV. Mesa III: Consumo y Mercado Informal en México.
Manuel Becerra Ramírez (Instituto de Investigaciónes Jurídicas, UNAM. México)
Miguel Ángel Margáin (Comité Der. de Prop. Intelectual, American Chamberm. México)
Irely Aquique Pineda (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. México)
José Luis Flores Lepe (Procuraduría Federal del Consumidor. México)
Duración: 1:38:00 hrs
http://podcast.unam.mx/wp-content/uploads/podcastunam2010-04-21-22222.m4v
Retiran de YouTube las versiones modificadas de 'La Caída', pero...
La productora del film alemán que relata los últimos días de Adolf Hitler le solicitó al sitio de videos de Google que quite todas las ediciones subtituladas; sin embargo ya subieron a otro sitio una parodia del pedido.
NUEVA YORK (AP).- Una película alemana estrenada en 2004 sobre los últimos días de Adolf Hitler había sido adoptada para parodias en YouTube, las cuales resultaron sumamente populares, al hacer bromas sobre temas tan variados como los videojuegos de Xbox, las declaraciones del rapero Kanye West o el nuevo iPad de Apple.
Pero ahora, todo eso cesará.
Cada parodia es de la misma escena de la película "Der Untergang" (La caída): Un furioso y derrotado Hitler, interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, espeta un discurso apasionado y colérico, al resto de su personal, refugiado con él en su búnker.
La escena toma varios significados ampliamente diferentes cuando se le colocan subtítulos en inglés o español sobre, por ejemplo, el anuncio de una nueva película de Spiderman.
Casi cualquier tema podía ser subtitulado -y lo fue-, lo cual causaba diversión a muchos espectadores, por el contraste con el intenso dramatismo de la escena, hábilmente escenificada y oportunamente editada.
Fue el video muy popular que se negaba a morir, hasta que lo hizo.
Estas producciones editadas, cargadas en YouTube, comenzaron a desaparecer del sitio. Constantin Films, la compañía propietaria de los derechos de la película, pidió que fueran retirados, y la plataforma de videos on line de Google accedió.
"¿Cuándo deja de ser parodia? Es un asunto muy complicado", señaló Moszkowicz. "Así que estamos tomando un enfoque simple: retiren todos. Lo hemos estado haciendo por años. Lo importante es proteger nuestro derecho de autor. Estamos muy orgullosos de la película", agregó.
Por su parte, Abraham Foxman, director nacional de la Liga Antidifamación de los judíos, comentó que la organización estaba "complacida".
"Los encontramos ofensivos", dijo Foxman respecto a los videos. "Sentimos que trivializan no sólo el Holocausto, sino la Segunda Guerra Mundial. Hitler no es un personaje de caricatura", enfatizó.
Moszkowicz rechazó la idea de que toda la atención a las parodias de La caída, que obtuvo 5,5 millones de dólares en taquilla en Estados Unidos y fue nominada al Oscar como mejor película en lengua extranjera, hubiera ayudado a la venta de discos de la película o a elevar otros ingresos.
Noticia del 22/04/2010
09 mayo, 2010
Torrentes de música ligera
Torrentes de música ligeraDigámoslo con claridad: basta con una computadora conectada a internet para tener acceso gratuito a un catálogo interminable de archivos de audio. Ahí está la preciada música que se hace en todo el mundo, sea popular, experimental, culta o folclórica, fluyendo libre en el entramado de la red global y multiplicándose como los gremlins cada vez que un internauta da clic en el botón de descarga (download).
No exagero al decir que en este preciso instante hay millones de ventajistas que están atiborrando sus computadoras de música sin pagar un peso por ella. La red es zona libre y los melómanos de la era digital aprovechan esta alegre condición para enriquecer sus colecciones sonoras. Y lo hacen desde el anonimato y con absoluta tranquilidad, por medio de los protocolos Bit Torrent, que permiten compartir archivos a través de redes de pares (Peer-To-Peer), aunque a costa de una industria discográfica merecidamente herida, misma que se esfuerza por adaptarse al cambio tecnológico, pero que aún no encuentra la manera de ganarle la batalla a la distribución gratuita de sus productos en este tipo de redes informáticas.
Es asombrosa la cantidad y variedad de archivos sonoros que circulan en las también llamadas redes de iguales. Desde catálogos interminables de música pop, con su infinidad de géneros y estilos, hasta complejas piezas académicas; desde obras destacadas del barroco y el romanticismo hasta lo más nuevo de la electrónica. Hay de todo y para todos. Es cierto cuando dicen que en internet, el que busca encuentra. Si no pregúntenle a los aficionados al porno.
Y también es cierto que en internet, no todo lo que brilla es oro. Un inconveniente mayúsculo de la descarga de música gratuita es que en su gran mayoría se trata de archivos MP3 (formato de audio digital comprimido con pérdida), que pueden sonar con cierta calidad en las bocinas de una computadora o en los audífonos de un IPOD, pero que demeritan notablemente cuando se les reproduce en un aparato casero y más si se trata de un equipo de alta fidelidad. Es como ver un video grabado con un teléfono celular en una pantalla IMAX de cine.
Pero la calidad del sonido parece ser lo menos importante en estos días. A música regalada no se le mira el formato, podría decir un yonqui anodino del MP3, uno de esos modernos entusiastas de lo gratuito que bajan tal cantidad de archivos que ni siquiera les alcanza el tiempo para escucharlos. Y es que al final de cuentas, el asunto con la música digital es acumular miles de canciones en la computadora, para luego llenar el reproductor portátil, colocarse los audífonos y dejar que suene de manera aleatoria. Hoy importa la cantidad, mas no la calidad del sonido (ya no digamos de la música).
Actualmente es tan fácil conseguir música en internet que por ello se le ha desvalorado. Me explico: si se tiene conexión de banda ancha, es posible bajar la discografía completa de Miles Davis en un par de horas. Fácil y rápido, como si la obra de un artista de la talla de Miles fuera algo tan insustancial y liviano como una presentación en Power Point. Y lo peor es que para desecharla basta un teclazo fulminante, como si de un correo electrónico no deseado se tratara. Todo Miles a la papelera de reciclaje sin el menor remordimiento de conciencia. Lo traumático del asunto es que al suprimirla no se está cometiendo un acto de vandalismo ni nada por el estilo. Sólo se eliminan los archivos del disco duro de una computadora, pero permanecen intactos en la red. En cualquier momento se les descarga de nuevo. Internet, en este sentido, es una ciberfonoteca mundial con capacidad para almacenar y preservar todo el patrimonio sonoro de la humanidad.
Los archivos digitales de audio son música inmaterializada, invisible, fantasma, sin un soporte físico que la respalde. En la pantalla de la computadora o del IPOD aparecen como una lista de títulos con algunos datos generales, pero en realidad son una serie binaria de unos y ceros, algo tan intangible y ajeno al mundo material como el alma, y a la vez tan susceptible de esfumarse de las computadoras si de pronto… ¡caput!, truena la máquina.
Los millones de cibernautas que descargan archivos de audio desde protocolos Bit Torrent no son un ejército mundial de ciberdelincuentes organizados, sino una comunidad gigantesca de melómanos que comparte libremente música en la red. Ejemplo: un jamaicano digitaliza su colección de vinilos de 12 pulgadas de reggae setentero y la sube a un Torrent para que el mundo entero la disfrute. Gracias, generoso rastaman, y que tu música fluya con absoluta libertad. Podemos decir lo mismo cuando alguien compra o le regalan un compacto y decide ponerlo a la disposición de quien lo busque en la red. Es un acto legal y altruista.
Pero, ¿qué pasa cuando un álbum empieza a circular en la red días o hasta semanas antes de su lanzamiento? Es obvio que alguien –ya sea de la disquera, un promotor o incluso un periodista o crítico– lo soltó con antelación. Aun en estos casos, cuando se sabe que la fuente original de un Torrent no pagó por la música, no se comente ningún delito si se le descarga por medio de una red de pares. Una vez que los archivos (audio, video, texto, software, etcétera) llegan a este tipo de redes para compartir, no hay manera de evitar su propagación masiva. En este caso, el único infractor es el vivales que soltó los archivos.
Algunos analistas del mercado de la música consideran que la transmisión gratuita de archivos sonoros en redes de pares, al final de cuentas, favorece la venta legal de música. Incluso la consideran como una poderosa herramienta de difusión. Tiene su lógica, pero la caída drástica en las ventas de discos compactos legítimos durante los últimos dos años hace pensar lo contrario. ¿Y para qué comprar una canción o un disco de archivos MP3 en línea si alguien te lo puede compartir gratis en un Torrent? Para no darle en la torre a los artistas. Para no acabar con la industria. Pero la verdad es que a la gran mayoría de los consumidores de música digital le valen gorro los creadores. Vaya, supongo que ni siquiera se dan cuenta del daño que provocan. Lo que quieren es hinchar sus computadoras con archivos de música ligera y desechable. Que se atasquen mientras haya lodo.
29 abril, 2010
E. M. McLuchan - Los medios del siglo XXI (Archivo2009)
Privacidad Amenazada (When copyright goes bad)
- Marcos Appel
Proceso, 25 de abril 2010
BRUSELAS.- Las medidas contra la piratería en México que aprobó la Cámara de Dipu tados el
martes 6 coinciden con las disposiciones preliminares del Acuerdo Comercial Antipiratería
(ACTA, por sus siglas en inglés) que desde junio de 2008 negocia la administración de Felipe Calderón con Estados Unidos, la Unión Europea y otros países.
Los diputados dieron facultades a la Procuraduría General de la República para perseguir de oficio la piratería, establecieron penas de dos a seis años de prisión y multas que van de 100 a 10 mil días de salario mínimo para los infractores, y autorizaron los operativos de confiscacióne en la vía pública.
El ACTA prevé otras medidas que atentan contra los derechos de privacidad, según varias organizaciones civiles, pues impone vigilancia sobre los consumidores y obliga a empresas de servicios de internet a compartir con las autoridades los datos personales de sus clientes, a los cuales podría denegar el acceso a internet sin que medie proceso judicial alguno.
Ante este tipo de disposiciones, el miércoles 14 la Comisión de Comercio y Fomento Industrial del Senado solicitó al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial y a la Secretaría de Economía un informe detallado sobre el contenido y los alcances del ACTA y sobre las negociaciones confidenciales.
“Resulta preocupante que el Ejecutivo federal esté realizando negociaciones sin la intervención del Senado de un instrumento de tal trascendencia y múltiples efectos”, señala el dictamen, según publicó el miércoles 21 el diario Reforma.
Dos versiones
Proceso tuvo acceso a una versión preliminar del ACTA. Tiene fecha del 18 de enero e identifica las propuestas que cada país realiza para combatir la piratería. Este documento no es la “versión pública” del acuerdo difundida por las partes negociadoras el pasado miércoles 21, la cual consta de 36 páginas, 17 menos que el documento del 18 de enero, aunque el contenido en esencia es el mismo.
El artículo 2.16 del borrador confidencial obliga a las partes asociadas al acuerdo a “garantizar que sus autoridades judiciales posean la facultad para ordenar la confiscación de falsificaciones de marcas registradas o productos pirata que violen derechos de propiedad intelectual”.
Esos operativos, indica una propuesta estadunidense, podrían extenderse a la confiscación
de los productos “sospechosos de piratería” o de aquellos que puedan “confundirse” con otras marcas comerciales.
El artículo 2.15, relativo al ámbito de la “responsabilidad criminal”, menciona que quienes vendan piratería deben ser castigados con cárcel y multas económicas “lo suficientemente altas” para disuadir futuras infracciones.
Otra propuesta de Estados Unidos, que aparece en el capítulo segundo, compromete a las autoridades judiciales de los países socios a obligar a los infractores a pagar una multa “por los daños económicos causados” a las firmas propietarias de los derechos de autor. Además, pretende que los “beneficios” económicos generados por la venta de mercancía pirata sean “transferidos” a las firmas afectadas.
En el apartado 2.14, ese texto impone la obligación de llevar a cabo “procedimientos criminales” contra quienes, incluso “de manera involuntaria”, comercien versiones pirata de “fonogramas, copias de programas informáticos y otras obras literarias, copias de películas y otras obras audiovisuales, así como de la documentación y empaquetado de tales artículos”.
El pasado 23 de marzo, varias organizaciones estadunidenses y europeas que defienden la libertad de información divulgaron por primera vez el “texto consolidado” del ACTA, es decir, la versión completa del acuerdo, que incorpora “todos los comentarios” de las naciones participantes en las negociaciones.
El texto presenta el estado de las negociaciones hasta el pasado 18 de enero, poco antes de la séptima ronda de pláticas del ACTA celebrada en Guadalajara entre el 26 y el 29 de enero.
Ningún gobierno participante en las negociaciones objetó la autenticidad de dicho documento, cuya portada advierte que su contenido “debe ser tratado de manera confidencial por los gobiernos” asociados al ACTA, “protegido de cualquier difusión no autorizada” y “guardado en un
cuarto cerrado y seguro”.
Intereses comerciales
El 23 de octubre de 2007, el gobierno del entonces presidente estadunidense George W. Bush arrancó de manera unilateral la negociación del ACTA, con el apoyo de la Unión Europea (UE), Japón y Suiza, que junto con Estados Unidos dominan la producción de materiales protegidos por la propiedad intelectual. Después se incorporaron Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Marruecos, Corea del Sur y México.
Según la Tercera Encuesta de Hábitos de Consumo de Productos Piratas y Falsificados, México ocupa el primer lugar en Latinoamérica en venta de este tipo de artículos, que en 2009 generó 90 mil millones de dólares.
El 4 de agosto de 2008, la entonces representante estadunidense de comercio, Susan C. Schwab, señaló en una nota oficial que el objetivo del ACTA es “implementar un nuevo tipo de acuerdo que endurezca los marcos legales contra la piratería y que acorte la brecha entre lo que dicen las leyes por escrito y su estricta aplicación sobre el terreno”.
De acuerdo con Knowledge Ecology International (KEI, una organización no gubernamental con oficinas en Washington y Ginebra), una de las más destacadas promotoras del ACTA es la International Intellectual Property Alliance (IIPA), la poderosa federación de asociaciones estadunidenses del negocio del entretenimiento y la cultura que abarca películas, música, libros y programas informativos.
A dicho organismo pertenece la Motion Picture Association of America (MPAA), que el pasado 19 de noviembre envió una carta al Congreso estadunidense en la que expone su interés en que el ACTA sea “robusto y amplio: que provea a la policía y las aduanas de competencias para actuar de oficio, así como las herramientas legales y prácticas necesarias para proteger los derechos de propiedad intelectual en internet”.
Otro integrante de la IIPA es la Recording Industry Association of America (RIAA), que representa a compañías multinacionales, como EMI, Sony y Warner. El 17 de marzo de 2008, este grupo envió a Schwab su propia propuesta de ACTA, redactada por sus abogados, la cual hizo pública KEI el 29 de junio de ese mismo año.
El texto consolidado del ACTA recoge las demandas de RIAA y MPAA. En el artículo 2.7 señala que las “autoridades aduanales” deben actuar “de oficio” para “detener la salida al mercado” de falsificaciones y artículos pirata “importados, exportados o en tránsito”, lo mismo que aquellos “admitidos o de salida de una zona de libre comercio”.
El pasado viernes 9, el comisario de Comercio de la UE, Karel De Gucht, expuso a los eurodiputados las ventajas que implica tal acuerdo para los intereses comerciales europeos: “Les recuerdo que estamos negociando este acuerdo para mejorar la protección de las innovaciones
‘hechas en Europa’ en todas las áreas donde los derechos de propiedad intelectual puedan estar en peligro.
“Si queremos continuar siendo una economía competitiva –dijo De Gucht–, tenemos que apoyarnos en la exclusividad de nuestra innovación, creatividad y marca. Esa es nuestra principal ventaja competitiva en el mercado mundial. Así que necesitamos las herramientas necesarias para garantizar que esa ventaja esté adecuadamente protegida en nuestros principales mercados de exportación.”
El funcionario europeo confirmó que el ACTA impone a los países asociados “un paquete mínimo de reglas para que las empresas y personas innovadoras puedan fortalecer sus derechos ante los tribunales, en las fronteras y sobre internet”.
Puso un ejemplo: “Si un diseñador de modas europeo tiene problemas con falsificaciones de sus creaciones fuera de Europa, podrá estar seguro de que sus derechos serán adecuadamente salvaguardados en el extranjero”. El ACTA, agregó, “no tendrá ningún impacto en los ciudadanos europeos, ya que éste no creará nuevas obligaciones para la UE, que no necesitará implementar nuevas legislaciones”.
Golpe de Estado
Con su participación en las negociaciones del ACTA, la administración de Felipe Calderón apoya a Estados Unidos en una “especie de golpe de Estado” contra la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), una agencia especializada creada en 1967 por la Organización de
las Naciones Unidas, el foro natural donde tendría que haberse negociado el ACTA.
“Los países más ricos culpan a la OMPI de no ser lo suficientemente ‘dura’ contra la piratería, por lo que el ACTA organiza un sistema paralelo internacional y hecho a la medida de sus promotores”, comentó Philippe Riviére el 23 de marzo pasado en el periódico francés Le Monde Diplomatique.
En un informe publicado el martes 6, Knowledge Ecology International advierte que el ACTA desconoce ciertos límites establecidos desde 1994 en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (TRIPs, por sus siglas en inglés), el cual forma parte de la Organización Mundial de Comercio, la OMC.
Por ejemplo, el TRIPs no establece la obligación de perseguir judicialmente o forzar al pago de daños a las personas que adquieran de manera “casual” productos que violen los derechos de propiedad intelectual. El ACTA no considera esta excepción.
KEI acusa a Estados Unidos de pretender que, incluso en estos casos, se apliquen indemnizaciones en forma obligatoria en las siete categorías de propiedad intelectual que establece el TRIPs: derechos de autor (copyright), marcas comerciales, indicaciones geográficas (denominaciones de origen), diseños industriales, patentes, esquemas de configuración de circuitos integrados y protección de información no divulgada y secretos comerciales.
Video: When copyright goes bad
El 25 de marzo de 2008, un reporte de la organización estadunidense IP Justice recalcó otro “componente clave” del ACTA: “el incremento de la vigilancia de las autoridades sobre la actividad de los consumidores, y la obligación de compartir las informaciones resultantes con las autoridades públicas (policías y agencias aduaneras) de otros países”.
En la misma lógica, tal control se extiende al ciberespacio. Según IP Justice, el ACTA “requiere a las compañías proveedoras del acceso a internet que cooperen con la policía. En caso de que un cliente cometa violaciones a la propiedad intelectual (como descargar canciones, películas o documentos), la proveedora del servicio deberá comunicar sus datos personales a las autoridades. Éstas, además, podrán ordenar a la compañía desconectar el acceso a la red de un abonado o borrar páginas de internet a solicitud de las empresas de entretenimiento de Hollywood sin juicio previo, como se estipula actualmente”.
Estados Unidos aboga por implementar una “respuesta gradual”, es decir, después de hacerle llegar algunas advertencias, bloquear el acceso a internet al cliente que presumiblemente esté pirateando material por ese medio. La medida se aplicaría sin orden judicial de por medio.
Las organizaciones defensoras de las libertades individuales consideran que tal mecanismo viola tanto el derecho a la privacidad como al de debido proceso.
El 10 de junio de 2009, el Consejo Constitucional de Francia lo juzgó contrario a la Declaración de los Derechos del Hombre. Afirmó que “no se puede confiar el poder de impedir o restringir el acceso a internet a una autoridad administrativa con el objetivo de proteger a los titulares de los
derechos de autor”.
Michael Geist, un experto en internet de la Universidad de Ottawa que ha seguido a detalle las negociaciones, publicó el 21 de febrero pasado que Estados Unidos “reclama a las firmas proveedoras de internet que jueguen un papel más agresivo en la vigilancia de sus redes” e intenta que los demás sigan el modelo de “respuesta gradual”.
El documento consolidado del ACTA, en efecto, señala como ejemplo de mayor control “terminar, en las circunstancias apropiadas, con las suscripciones y las cuentas que tengan los infractores persistentes en el sistema o red del proveedor de internet”.
Las negociaciones del ACTA terminarán este año, luego de la próxima ronda, programada para su realización en Ginebra a partir del 7 de junio.
19 septiembre, 2009
La piratería, un mal necesario (por Armando Vega-Gil)

La piratería, un mal necesario
- Armando Vega-Gil
Los dueños de las disqueras y los capos de la industria de programas para computadora nos hacen creer que el pirateo no sólo es un delito, sino una puñalada trapera a los elementales principios de libertad del ser humano concentrados, claro, en esas piezas clave que explican al mundo de los ricos y poderosos: la mercancía y la propiedad privada, células elementales del capitalista y sus glorias y globalizaciones putrefactas.
Bueno, el pirateo delito es porque está tipificado en los códigos penales y finalmente se pasa por las bolas a los derechos de los autores, esos pobres muertos de hambre que nos partimos la madre al parir obras e ideas que indefectiblemente un méndigo nos las birla para enriquecerse a costa de nuestras flacas costillas.
Así, a muchos nos entra la culpa a la hora de ir al mercadito y comprar las películas de moda o un par de discos MP3 con ciento cuarenta rolas de Los Bukis o Yann Tiersen por el módico precio de veinte varitos, porque se nos hace creer que estamos escamoteando una lana que debía caerle, por derecho inalienable, al autor o al intérprete y pus sí, pero la cosa tampoco es tan así.
LA BANDA CELEBRA LA REENCARNACIÓN
CIBERNÉTICA DE LA MOSCA EN LA PARED